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EL ENTORNO 

Finalmente, millones de mexicanos han ejercido su derecho de elegir a sus gobernantes con el resultado por todos conocido, democracia; en un proceso limpio institucionalmente, lamentablemente dañado por el asesinato de 120 candidatos en todo el país, y la renuncia de 1000 más.

Lo cierto es que 30 millones de mexicanos han decidido que 115 millones tendrán un gobierno nacional-revolucionario de viejo cuño, integrado de inmediato al cumulo globular del socialismo internacional en su vertiente latinoamericana. Este resultado electoral es una bocanada de aire fresco que esperaban los debilitados, fracasados (por su propio peso) regímenes del socialismo bolivariano del siglo XXI. No hay país con modelo socialista en América que haya sido o sea exitoso; que no esté señalado e investigado en sus integrantes por actos de corrupción, fraudes, represión, violación de derechos humanos, conflictos de interés, tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito.

La historia más reciente de los países de América Latina ha sido esa proclividad por elegir gobiernos socialistas que “inician bien”, pero terminan muy mal.

El socialismo latinoamericano nunca ha podido ser exitoso dado que sus fundamentales no implican la generación de riqueza, sólo la redistribución de la existente; y con ese procedimiento inexorablemente la riqueza se agota provocando la consuetudinaria acción de rechazo de la sociedad; y la reacción gubernamental controlando los medios de producción privados, a manos del Estado. Y esto no lo puede negar nadie porque así es la historia y el presente de dichos países hermanos.

Entonces es posible implementar un socialismo europeo, de carácter más nórdico que continental? Francamente, no, porque las condiciones y realidades de todo tipo son diametralmente opuestas entre México y esas naciones para poder generar dicho modelo de socialdemocracia. Estos son absurdos de los autodenominados “socialdemócratas mexicanos”.

Tras el triunfo electoral, el partido MORENA actualmente significa para la izquierda, una versión aumentada de lo que en su tiempo fue el Partido de la Revolución Democrática integrado por el enorme conjunto de nacional–revolucionarios priistas, lombardistas, cardenistas, comunistas, maoístas, leninistas, castristas, guevaristas, allendistas, trotskistas, chavistas, gramcsianos, liberales, socialdemócratas, progresistas, etc; pero que hoy, trasmutados en MORENA integran en sus filas hasta conservadores, panistas, cristianos evangélicos, etc… La criatura del doctor Frankenstein corregida y aumentada también con apéndices internacionales para conformar eso que llaman La Patria Grande que pronto tomará esa función que tanto deseaban los socialistas regionales: ser “la voz cantante contra el imperialismo yanqui” de la administración del presidente Donald Trump; cerrando la pinza de presión con los liderazgos del partido demócrata estadounidense, muy activos en su búsqueda de derrocar a su presidente.

El triunfo de MORENA implica aprovechar la dura política exterior de Trump sobre la región, particularmente en materia de inmigración para reforzar el bloque anti estadounidense cuya cabeza de playa sea México. Hoy, los neocomunistas se aprestan a la relación estrecha y profunda con México con el objetivo claro de abandonar la adhesión de México con el modelo occidental; y adherirse al modelo de las potencias en ascenso.

La pregunta surge ¿el nuevo régimen mexicano se adherirá a tal plan? Una gran incógnita desde el entorno de la nueva política exterior lopezobradorista. Nadie sabe cómo será la nueva relación con los Estados Unidos de América, AMLO tiene todo tipo de diplomáticos y asesores en política exterior en su nomenclatura. Uno de ellos, el ex embajador Porfirio Muñoz Ledo quien hace algunas semanas, tras la decisión del presidente Trump de militarizar la frontera sur de su país, conjeturó que con la interposición de una controversia ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la mayoría de los países apoyarían a México.

México puede interponer el artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas que “prohíbe el uso de la fuerza o la amenaza de emplearla contra cualquier Estado miembro”. En la praxis, propuso que el Gobierno mexicano solicitara a la ONU atraer el asunto y convocar de emergencia al Consejo de Seguridad… “Y si el tema no fuera resuelto en el Consejo de Seguridad, se puede acudir a la Asamblea General de la ONU, en donde México estaría respaldado con al menos 140 votos” … “.Si México lo hiciera, el país recuperaría mucha de la autoridad que ha perdido en los 30 años pasados… y dirían: ‘México despertó’. Ante eso, ¿qué va a hacer Rusia? No va a apoyar a los estadounidenses, te lo aseguro. China tampoco, Gran Bretaña sería intermedio y de los miembros no permanentes la mayoría son aliados nuestros. En este asunto tenemos mucho más aliados de los que siquiera pensamos

Es importante recordarlo porque esta voz es de las más radicales que pudiera escuchar AMLO, y que su próximo canciller podría adoptar, AMLO no dudaría en solventar económicamente su gobierno haciendo alianza con China.

Es una hipótesis muy real… sacar a México del modelo occidental y adherirlo a Rusia y China en un complejo entorno de guerra comercial y militar entre potencias. El neo comunismo latinoamericano presiona para que México de los primeros pasos para en un mediano plazo rompa, diplomáticamente y de facto relaciones con Estados Unidos; lo que se constituiría como “el más grande triunfo de la revolución bolivariana del siglo XXI”. ¿AMLO escuchara la voz del socialismo bolivariano del siglo XXI en la relación con Estados Unidos? Nadie lo espera ni se considera… Pero ya se verá con el tiempo generando otra incógnita más ¿cómo reaccionará AMLO ante la presión de sus bases marxistas, comunistas mexicanas que le exigen ese rompimiento y combate frontal contra Estados Unidos?

Con todo, inicia una era, no distinta, sino ya vista en el pasado reciente de nuestro México moderno. No sobra hacer la reflexión sobre quienes decidieron este giro político, económico y social en el país: los llamados millennials que paradójicamente tomaron en sus manos su futuro y que, por más extraño que parezca, con su decisión han roto el paradigma que durante décadas sirvió de slogan social: “¿qué país le dejaremos a nuestros hijos?”. Hoy, el slogan es distinto: “¿Qué país se han dado y le han dejado los millennials a sus padres?”.

Fuente: Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, “CEESP”