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Fuente: Forbes

Hace un par de semanas, durante la feria China HomeLife, Qiu Xiaoqi, embajador de China ante nuestro país, declaró que “su país [tenía] las puertas abiertas para negociar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con México, y ser un aliado para el sector empresarial mexicano”, haciendo énfasis en la apertura de China al libre comercio con todo el mundo, los 45 años de relación diplomática bilateral, el hecho de que China es el segundo socio comercial de México y las coincidencias históricas y culturales.

Aunque declaraciones como la anterior no son nada nuevo, hoy en día parece haber más voluntad política de parte de China para explorar la factibilidad de un TLC (y esto lo digo como alguien a quien, al defender su tesis doctoral en China, sus sinodales tiraron de loco, diciendo que por qué les interesaría tratar con México sí trataban directamente con Estados Unidos y que, por otra parte, México era parte del TPP, un instrumento estadounidense para contener a China). Esto, aunado a la reciente ola proteccionista de EU, y que ha forzado a buscar la diversificación largamente postergada, ha generado que tanto al sector público como al privado considere los acercamientos con mucho mayor detenimiento que antes.

Es en este contexto que debemos preguntarnos objetivamente: ¿estamos listos para beneficiarnos de un tratado así? ¿Redundaría en beneficios para las empresas, los principales destinatarios de dicho tratado? ¿Pueden México y dichas empresas corresponder a los acercamientos de China, más allá de lo que se diga en medios y redes sociales?